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Ana Fernández Sesma, viróloga: “Aunque hayas pasado la COVID, vacúnate”

  • La investigadora española del Mount Sinai de Nueva York no cree probable que se logré erradicar el coronavirus

  • “Tener una reacción leve a la vacuna significa que tu sistema inmune está respondiendo”

  • “Hay que trabajar en otras vacunas para ver cuál funciona mejor con cada grupo de población”

Cuando busca el origen de su vocación, la viróloga Ana Fernández Sesma regresa hasta un remoto recuerdo infantil. Aquel día de las vacaciones de verano en que su tío, médico de profesión, les vacunó. Tendría unos cinco años. “Fue una imagen que se me quedó, todos en fila, todos los primos. Nos puso a todos la vacuna, creo que la polio o la viruela, y nos contó la importancia de la vacuna y porqué nos vacunaba y aquello me dejó bastante marcada”.

Muchos años después, desde la Escuela de Medicina del complejo sanitario Monte Sinaí de Nueva York, Ana Fernández Sesma lidera un amplio equipo de investigadores del virus del dengue, uno de los equipos de microbiología mejor financiados por los National Institutes of Health de Estados Unidos.

“Con el dengue ocurre como con el coronavirus. Un porcentaje muy bajo de gente desarrolla una enfermedad grave y la mayoría, sin embargo, tiene una afección menos grave", nos dice en un encuentro organizado por Alumni-Universidad de Salamanca, donde Ana Fernández Sesma se licenció en Biología antes de marchar a Nueva York. "Mi laboratorio se centra en las células inmunes: cómo reconocen los virus y cómo los virus intentan evadir este reconocimiento. Ver cómo ese primer encuentro del virus con la célula inmune determina la respuesta en el huésped. Lo vemos en el dengue, en la gripe, en el coronavirus. Siempre es la misma pregunta: ¿cuál es el truco que emplea el virus para poder establecer su infección?".

NIUS: Esto que comentas aún sorprende a mucha gente: que muchas personas pasen la covid sin apenas síntomas y otras terminen en la UCI o falleciendo. No es, entonces, una peculiaridad del coronavirus, ocurre con otros virus.

Ana Fernández Sesma: En general, los virus no quieren matar al huésped. Si matan al huésped, no pueden seguir propagándose. Cuanto más adaptado está el virus a los humanos, menos dañino es. Por ejemplo, el virus del catarro se transmite muchísimo, infecta a millones de personas cada año y no mata a nadie. Sin embargo, el ébola, que ha aparecido mucho más recientemente y de manera esporádica, no ha tenido tiempo a adaptarse al sistema inmune humano. Nuestro cuerpo lo detecta tanto que se produce una reacción y una enfermedad demasiado brusca que puede ser letal. Aun así, cada vez van siendo menos letales estos brotes de ébola. Cuanto más tiempo y más oportunidades tenga de infectar humanos, mejor se adapta el virus, se hace más silencioso, llega a una especie de simbiosis. El virus quiere producir copias y, si no molesta al huésped, llega un momento en que no causa una enfermedad tan grave.

Uno de tus colegas en el Monte Sinaí, Florian Kramer, ha participado en un estudio pionero, una visión panorámica de la inmunidad que provoca el coronavirus. La conclusión es alentadora: la inmunidad puede durar años. 

Me fio mucho de Florian. Florian tiene un método muy bueno para detectar anticuerpos de todo tipo; la calidad de los anticuerpos, no sólo el nivel. Hay cierta confusión. Se suele decir que hay una bajada de los anticuerpos del coronavirus al cabo de un tiempo, pero depende de cómo se miden y contra qué proteína se están midiendo. En general, los anticuerpos van a bajar siempre, lo que te queda es la memoria en tu sistema inmune. En el momento en que te encuentres con el virus se van a reactivar las células T, que son muy difíciles de medir con las pruebas de anticuerpos, por eso la gente no los mide normalmente. Una vez que se ha producido la memoria inmune, pueden bajarte los niveles en sangre, pero eso no significa que no se reactiven. Florian ha desarrollado una forma muy exhaustiva de medir todos estos elementos de la memoria inmunológica. Han visto que este virus produce suficientes anticuerpos neutralizantes. En el dengue, por ejemplo, tenemos un problema: los anticuerpos no son neutralizantes.

¿Puede convertirse el coronavirus en un contagio recurrente como el de los catarros o la gripe?

Sí. Puede ser. Eso puede suceder si ha tenido muchas oportunidades de expandirse. Ahora mismo nos ha demostrado que no se ha vuelto mucho más virulento. Es un virus que muta, pero no tan rápidamente como otros, como la gripe, por ejemplo. No creo que sea un coronavirus que cambie tanto, que cada año venga un coronavirus diferente.

Hemos visto un desarrollo de vacunas sin precedentes. A principios de enero se hacía pública la secuencia genética del nuevo coronavirus y 11 meses después ya hay vacunas. ¿Habíamos asistido a algo tan rápido en el terreno de las vacunas?

Tan rápido no, aunque con el virus Zika se intentó. Yo creo que ha sido el fruto de una colaboración global entre todos los científicos tener pronto la secuencia genética, el conocimiento previo de los coronavirus…  La gente no debería confundirse. No es que se hayan tomado atajos y no se hayan hecho las cosas que se tienen que hacer para que la vacuna sea segura. Se han eliminado trabas burocráticas. Yo hago esta comparación: si te pones enfermo y viene la ambulancia, vas a tardar media hora en llegar al hospital, pero si viene el helicóptero, vas a llegar en cuestión de minutos. No siempre te van a llevar en helicóptero. Sólo en caso de emergencia. Lo mismo ocurre con las vacunas ahora, se trata de eliminar trabas en una situación de emergencia.

¿Cómo valoras las primeras vacunas, las de Pfizer y Moderna? Emplean una técnica relativamente novedosa, la del ARN mensajero.

Las primeras que han salido, las del ARN mensajero, son más fáciles de producir que una de proteína viral. Con esta tecnología puedes diseñar antes un candidato a vacuna y adelantar los ensayos clínicos. A los 60 días de salir la secuencia genética del coronavirus, Pfizer y Moderna ya tenían el prototipo. Es buena y segura porque realmente no te está produciendo la infección con el virus entero. Sólo presenta una de las proteínas virales, la proteína S, la espícula. Te van a generar inmunidad contra la espícula, que es la proteína que usa el virus para entrar en la célula. A mí me gusta más la vacuna que se desarrolla a partir de un virus atenuado y completo, porque presenta todos los antígenos virales. Eso lleva más tiempo y no se puede hacer con todos los virus. Pero, bueno, lo más importante era saber cuál es la proteína contra la que producimos la mayoría de los anticuerpos. En el caso del coronavirus lo sabemos y es adonde apuntan estas vacunas. Se está viendo que protegen de síntomas leves y también de los graves. Es muy prometedor.

¿No hay que preocuparse por los efectos secundarios?

A la gente le puede dar un poquito de fiebre, y eso es bueno, porque si tienes unos síntomas leves, eso quiere decir que tu sistema inmune ha reconocido la vacuna como algo contra lo que tiene que producir anticuerpos y células T. Es bueno que te produzca un poquito de reacción, siempre que no sea una reacción severa. Es más beneficioso estar vacunado que pasar la enfermedad, porque la enfermedad siempre corres el riesgo de un desenlace peor. Yo prefiero vacunarme a pasar la enfermedad. Ahora mismo es imposible que autoricen el uso de emergencia de una vacuna si no pasa los controles de seguridad. Aunque solo tenga un 60% de eficacia. Un 60% es mejor que nada. Yo creo que entre un 60% y un 90% es una buena vacuna.

Ahora que ya tenemos estas vacunas, ¿debemos seguir trabajando en otras, como las que se están desarrollando en España?

Sí. Ahora mismo se va a hacer una vacuna en una situación de emergencia. Grupos de riesgo lo primero. Personal sanitario. Gente que está en residencias. Gente que está más expuesta. Pero no ha habido tiempo suficiente para centrarse en grupos concretos: qué pasa con la gente que está con inmunoterapia, qué pasa con los niños pequeños o con los ancianos o con la gente con hipertensión. Veremos que funcionan mejor en unos grupos y menos en otros. Por ejemplo, con la vacuna de la gripe sabemos que hay que poner una dosis mayor a partir de 65 años, porque responden menos, tienen un sistema inmune más envejecido. Con el coronavirus, cuantas más opciones tengamos de distintos tipos de vacunas, más probable será que encontremos las que funcionan mejor con niños y con distintos grupos de población. Es mejor tener más herramientas en la caja de herramientas.

¿Tiene sentido vacunar a quienes han sido positivos, con o sin síntomas, dado que deberían ser inmunes? ¿Puede beneficiarles o perjudicarles la vacuna?

Yo no creo que perjudique a nadie ponerse la vacuna, como ponerse el recordatorio de cualquier vacuna que hayas tenido. Si supiéramos cuál es el nivel de protección que se necesita, pero es que ahora no lo sabemos. Sería muy difícil separar por grupos, a la gente que ya tuvo infección y cuenta con anticuerpos, a los que lo han pasado con más síntomas y a los que han tenido menos síntomas… Aunque lo hayas pasado, vacúnate, porque no te va a perjudicar.

¿Ves factible que el coronavirus desaparezca o se erradique con una campaña de vacunación mundial?

Veo factible que el coronavirus circule menos en los próximos años, pero erradicar un virus requiere una campaña masiva de vacunación que no creo que se logre, aunque se están haciendo grandes esfuerzos. Veo más probable que la incidencia se reduzca a números que sean mucho más manejables, como la gripe.