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La vacuna, un triunfo global sin precedentes

  • La pandemia y la vacuna, dos caras de una globalización en crisis

De tanto repetirse, el diagnóstico parece unánime: el coronavirus ha asestado un golpe mortal a la globalización. Qué mejor prueba de cargo contra el mundo global y abierto que la pandemia. Un virus circula por Pekín y tarda 11 horas en llegar volando a las calles de París. Países y continentes se cierran y tienen tentaciones autárquicas. Como si fuera una venganza de la historia, el coronavirus salido de China, se dice, ha acabado con el ciclo que empezó en 1980 con la apertura de China al mundo.

Y sin embargo, la solución a la pandemia le deberá mucho, si no todo, a la misma globalización. Al menos, la del conocimiento. Investigadores chinos difundieron el genoma del nuevo coronavirus el 11 de enero de 2020 y miles de científicos de todo el mundo se pusieron a trabajar. Asistimos en directo y minuto a minuto. -como si tuviéramos la nariz y los ojos metidos en los laboratorios- al mayor esfuerzo de investigación de la historia.

Si las vacunas llegan antes de fin de año, aunque no sea de forma masiva, habremos asistido a un triunfo sin precedentes de la ciencia y de la técnica. Desarrollar la vacuna de la polio llevó 20 años, la del sarampión seis; 30 años y 35 millones de muertos después, aún no hay vacuna contra el sida.

Tomemos ahora como ejemplo la primera que ha anunciado resultados en fase avanzada, la candidata de la biotecnológica alemana BioNTech y la multinacional farmacéutica Pfizer.

Los alemanes empezaron a trabajar en enero, en cuanto tuvieron el genoma descifrado y publicado por los chinos. 10 meses después han anunciado que su vacuna tiene una efectividad del 95% y podría empezar a producirse a gran escala antes de fin de año. De confirmarse, la vacuna de Pfizer/BioNTech será un canto al talento cruzado por la globalización.

Una compañía, BioNTech, fundada por una pareja de investigadores de origen turco formados en Alemania, desarrolla una vacuna gracias a una técnica descubierta por una investigadora húngara trasplantada a una universidad de Estados Unidos, el mismo país de la multinacional Pfizer, fundada por un par de alemanes emigrados a América y presidida ahora por un ejecutivo y veterinario griego de Tesalonika cuyo director de vacunas es… un español.

Con la llegada de la vacuna (y la marcha de Donald Trump), los creyentes en un mundo abierto, los 'globalistas', aún pueden decir a la manera de Mark Twain: las noticias sobre la muerte de la globalización son enormemente exageradas.