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La industria alerta de la dificultad de cumplir con los objetivos de reducción de emisiones con la tecnología actual

  • La industria azulejera asegura que con la tecnología disponible no puede reducir mucho más sus emisiones de CO2

  • La Unión Europea se ha propuesto reducir en un 55% las emisiones de carbono en 2030

  • La industria papelera y del cemento tiene algo más claro su transición energética y ya han presentado su hoja de ruta

Imaginemos que conseguimos reunir a todos los cerdos de la provincia de Castellón. Recogemos sus purines y los utilizamos para generar biogás, un combustible limpio de emisiones de CO2. Este experimento se recreó en papel y el resultado es llamativo.

“La energía daría para abastecer a dos hornos de las azulejeras. Y tenemos 250 en la provincia”. Alberto Echavarria, secretario general de la patronal cerámica ASCER, pone este ejemplo para explicar lo difícil que tiene el sector reducir sus emisiones de carbono con la tecnología actual. Por si a alguien se le ocurre juntar a todos los cerdos de España, este experto responde: “Lo ideal es generar esa energía verde cuanto más cerca de donde consumas, mejor”. Las azulejeras se concentran en la provincia de Castellón. Los cerdos, no. 

Fue en parte una cuestión energética la que mantuvo a estas empresas aglutinadas en estas tierras. La llegada del gas natural por gasoducto a la zona en los años ochenta fue una verdadera revolución para el sector. Ahora se enfrenta a la dificultad de seguir avanzando en la transición energética marcada por Europa: reducir en un 55% las emisiones de carbono en 2030. 

Hoy por hoy, el gas natural (contaminante porque emite CO2 al quemarse) es el que alimenta a los potentes hornos de la industria que trabajan 24 horas al día. “Es una cuestión de temperatura. Nosotros tenemos que cocer a 1.200 grados y eso solo se consigue quemando gas”, explica el representante de ASCER en la sede de la asociación en Castellón. Antiguamente se hacía con leña, luego se pasó al carbón y el fuel.

El gas es la cuarta fase tecnológica que ha vivido este sector y que les ha permitido reducir ya sus emisiones de CO2 en un 52% desde 1980. “Hoy por hoy no hay alternativa energética que nos permita alcanzar el pico de temperatura que necesitamos de manera constante”. La pregunta para la que todavía no tienen respuesta es: ¿Cómo continúan con la descarbonización que se les pide?

La limitación de electrificar

El sector azulejero es un consumidor energético voraz: engulle 14 millones de megavatios de gas al año, lo mismo que todo el País Vasco demanda de electricidad en ese mismo periodo. Desde el Gobierno se quiere impulsar la electrificación de manera generaliza para avanzar en la transición energética. Es como quien cambia el coche de gasolina por uno eléctrico. El problema es que si las azulejeras se pasan del gas a la electricidad, acapararían gran parte de la generación. “Si nuestros hornos fueran eléctricos, no habría suficiente energía para alimentarlos”, afirma Echavarria.  

Pero es que, aunque la generación de megavatios no fuera un problema, tampoco sería una opción viable. Los hornos industriales eléctricos actuales no consiguen alcanzar los 1.200 grados necesarios para cocer la arcilla. Una posibilidad de aplicación en las azulejeras sería trocear el proceso de cocción y aplicar hornos eléctricos en las fases que no necesitan tanta temperatura. En esa línea se está trabajando,  pero el gas natural no se conseguiría eliminar del todo.

La captura del CO2 y el hidrógeno todavía están verdes

Capturar el CO2 antes de que salga a la atmósfera es otra tecnología que se investiga desde hace años sin que todavía tenga aplicaciones muy generalizadas en la industria. Además, su eficacia depende mucho de cómo de concentrado se encuentre el carbono con el resto de gases que salen por la chimenea de una fábrica.

Además, queda por avanzar en la aplicación de ese CO2 capturado. ¿Se inyecta en la tierra, se utiliza para producir otros materiales...? Y la otra cuestión es que no serviría de nada porque todavía no está regulado. “Podríamos atrapar el CO2 y no emitirlo, pero como seguiría teniéndolo en mi fábrica, me contaría igualmente”, explica Echavarría. 

El ya famoso hidrógeno verde tiene también sus propios desafíos. En el sector azulejero se está analizando su uso al 40% de fuente de energía de los hornos. Habría que ajustar componentes, pero la sustitución total no es posible a día de hoy, aseguran en ASCER. Además, el hidrógeno aporta un grado de humedad que hay que analizar bien cómo afecta a la arcilla. En el Instituto Tecnológico Cerámico (ITC), ubicado también en Castellón, se estudia la aplicación del hidrógeno. Todavía no hay resultados concluyentes.

Para poder avanzar con esta tecnología, el sector apoya el proyecto ‘Orange Bat’: una inversión de 120 millones para una planta piloto de hidrógeno verde de 100 megavatios. Es un tamaño bastante considerable, pero para hacerse una idea del desafío, serviría para alimentar sólo al 3% de las azulejeras de Castellón.

“Apostamos por un mix de energías alternativas que nos ayuden en esta transición. Tenemos que ir viendo qué es lo que funciona. Para eso hace falta tiempo y dinero”, resume Echavarria. El camino para llegar a cero emisiones en 2050 no está nada claro. 

"Los objetivos que se han marcado de reducción de emisiones nos empujan a no cumplir o a marcharnos del país", concluyen en ASCER. El coste de contaminar, con un precio del C02 en niveles que no es esperaban hasta 2030, se está convirtiendo en un lastre para estas empresas. 

El caso de la industria papelera y cementera 

La transición energética del sector cerámico parece más compleja que la de otras industrias como la papelera o la cementera. Ambos sectores utilizan también el gas natural como principal fuente de energía y han presentado sus planes para conseguir emisiones cero en 2050.

En estas empresas se alcanzan niveles de biogás mucho mayores. En el caso de la papelera es del 33% del total. Según la patronal Aspapel, este sector "lidera la descarbonización industrial". La electrificación parece una alternativa más factible para reducir emisiones a través de la conexión con plantas de generación renovable. 

En el caso del cemento, el 26% del gas que utiliza tiene origen renovable. Queda recorrido porque la media europea del sector es casi del doble. Es por esto por lo que la patronal Oficemen pide un "marco normativo adecuado" para los combustibles derivados de los residuos. Asegura que el sector ha conseguido reducir sus emisiones un 27% desde 1990 y que de cara de 2030 podría recortarlas en otro 43%. 

El hormigón cuenta con una ventaja como material que no tiene el resto: es capaz de reabsorber parte del CO2 que emite cuando se fabrica. Hasta un 20%, según las últimas investigaciones. Se llama 'recarbonatación'. Este proceso se genera de manera natural y el desarrollo tecnológico podría acelerar esta propiedad hasta elevar la absorción de CO2 hasta la mitad de la contaminación que supone producir el hormigón.

La transición energética para papeleras y cemento no está exenta de incógnitas porque además del biogás se confía en tecnologías como el hidrógeno verde y la captura de CO2, todavía con mucha curva de aprendizaje por delante. Hacen falta pruebas, desarrollos y reducción de costes para que las aplicaciones sean una opción viable. En todos los casos se espera que la llegada de los fondos de la UE permita acelerar e incorporar estas tecnologías. También se necesitará un apoyo financiero a futuro, un tipo Plan Renove para que las industrias adapten su maquinaria.