Draghi intenta recuperar la influencia italiana en Libia, ahora en manos de Turquía


La UE trata de imponer su agenda diplomática cuando se abre un proceso democratizador en Libia
Francia ha tratado de arrebatar a Italia su rol preponderante en el país
Fue un viaje corto, de apenas unas horas, que sirve como declaración de intenciones. El primer ministro italiano, Mario Draghi, se reunió este martes en Trípoli con su homólogo libio, Abdul Hamid Dbaibah, quien asume el poder de forma interina. “El momento es histórico para Libia, ya que hay un Gobierno de unidad legitimado por el Parlamento, que está avanzando en la reconciliación nacional. Estamos ante una oportunidad única para reconstruir una vieja amistad”, afirmó Draghi, en una rueda de prensa conjunta. Italia intenta así recuperar la influencia perdida en el país norteafricano y, de paso, imponer la agenda europea frente al creciente peso de Turquía en Trípoli.
El viaje fue especialmente simbólico, ya que se trata de la primera parada en la agenda internacional del primer ministro italiano. La elección de Libia revela el interés de Roma por volver a ocupar un papel central en su antigua colonia. En la comitiva también estuvo presente el ministro de Exteriores italiano, Luigi Di Maio. Draghi habló con su homólogo libio de inmigración, cooperación en el ámbito sanitario, de la contribución europea a la reconstrucción del país y de los intereses energéticos de las compañías italianas en el territorio.
Tras la caída del régimen de Gadafi en 2011, Italia comenzó a perder su ascendencia en Libia. El país se adentró en una guerra civil y quedó dividido con dos parlamentos paralelos. Desde la parte oriental, el mariscal Jalifa Hafter intentó conquistar todo el territorio, con una ofensiva que tuvo su punto álgido en 2019. En Trípoli, las fuerzas que apoyaban al Gobierno reconocido por la ONU resistieron, hasta que en octubre del año pasado ambos bandos firmaron un alto el fuego, que cristalizó con el actual Gobierno interino. Su mandato está orientado a pilotar unas elecciones democráticas a final de año, que deberían poner fin a la dualidad de poderes.
Italia siempre se decantó del lado de Trípoli. Mientras que a Hafter lo apoyaron Rusia, Arabia Saudí o Egipto, y contó con el respaldo indirecto de Francia. Sin embargo, Trípoli nunca hubiera resistido sin la intervención militar de Turquía, que ha sido el gran vencedor diplomático del conflicto. “Cuando se impone la lógica bélica, Europa tiene muy difícil ser preponderante. Turquía llenó un vacío, resultó muy útil y llegó para quedarse, pero ahora se abre otra etapa en la que la UE tendría que volver a la centralidad”, opina Dario Cristiani, experto en política mediterránea del German Marshall Fund.
Desfile diplomático europeo
El viaje de Draghi no es más que el colofón, pero en las últimas semanas Trípoli se ha convertido en una pasarela para la diplomacia comunitaria. La pasada semana aterrizaron allí los ministros de Exteriores de Francia, Alemania y de la propia Italia. El pasado domingo fue el turno del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. Y además de Draghi, también han acudido a Libia los primeros ministros de Grecia y Malta. La necesidad de reconstruir un país que ha pasado la última década en guerra tiene importancia en la factura, pero la UE se juega aún más en el ámbito de las relaciones internacionales.
“Alemania ya celebró una conferencia en Berlín para tratar de unir a las partes, Francia se dio cuenta de su error al apoyar a Hafter e Italia tiene una relación predominante histórica. La intención europea es recuperar esa posición que perdió en detrimento de otras potencias emergentes. Rusia ha tenido que recular tras la derrota de Hafter, aunque el mayor reto será compatibilizar los intereses europeos con los de Turquía”, sostiene Andrea Dessì, director del programa Política Exterior Italiana del Instituto de Asuntos Internacionales.
Derbi Italia-Francia
La otra cuestión que deberán resolver los socios comunitarios es esa competición interna que se abrió cuando Francia intentó aprovechar la caída de Gadafi para desplazar a Italia y tener un mayor control del norte de África. Según Dessì, “en París, preocupados principalmente por el terrorismo, se dejaron guiar por la promesa del general Hafter de limpiar el Gobierno de Trípoli de islamistas”. No obstante, según los expertos, esa disputa entre Roma y París ha quedado en segundo plano y lo que priman actualmente son los intereses europeos. Con la llegada de Draghi y su apuesta europeísta, las relaciones entre Italia y Francia también han mejorado.
Ahora el ex presidente del BCE vuelve a emerger como embajador de la UE, probablemente en uno de los pocos países donde los italianos son recibidos como interlocutores privilegiados. Libia es fundamental para Europa, entre otras cosas, por el enorme flujo de migrantes que han salido de sus costas en la última década. Estados Unidos se desentendió de este país, al que considera un problema europeo, tras el asesinato de su embajador en el asalto al consulado de Bengasi en 2012. Y Rusia esta vez se ha alineado con el bando perdedor. Queda Turquía, cuya intervención fue todo un éxito, como nueva potencia en el terreno. En el entendimiento con Ankara y las próximas elecciones libias, la UE se juega una importante pieza en el Mediterráneo.