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Guerra en la comunidad científica italiana ante la incidencia del virus

  • Un grupo de expertos publican un polémico manifiesto que minimiza el peligro del virus

  • Los italianos han bajando la guardia en las últimas semanas

Las mascarillas han dejado de formar parte de la moda italiana. Si hace un mes las calles del centro de Roma eran una pasarela de estilos y colores, hoy se llevan sobre todo anudadas en el codo o metidas en el bolsillo, por si hay que entrar a alguna tienda. En la capital nunca han sido obligatorias al aire libre. Sí en Lombardía, donde la norma rige hasta el 30 de junio, aunque ya valoran eliminarla. La patronal farmacéutica asegura que la venta de mascarillas ha caído cerca de la mitad. Y la gente ha vuelto al aperitivo, despreocupada, en la nueva normalidad.

La relajación la avala un grupo de científicos que, desde hace días, anticipan estudios y afirman en entrevistas que el virus ha dejado de ser un peligro. Lo hacían de modo individual, ganando notoriedad en cada intervención, aunque ahora han firmado un manifiesto conjunto en el que aseguran que “ha habido un desplome inequívoco de enfermos que necesitan ser hospitalizados”, mientras aumentan los casos “débilmente positivos que no serían contagiosos y podrían evitar el aislamiento”.

Su tesis es que la carga viral que circula en estos momentos es mucho menor y, por tanto, sus efectos son mucho más leves. Entre los firmantes hay virólogos, anestesistas o epidemiólogos con una dilatada carrera. Son, sin embargo, los díscolos de la comunidad científica. “Se acabó la emergencia”, titulaba este jueves la portada del periódico conservador 'Il Giornale', propiedad de la familia Berlusconi, que recogía el manifiesto. Interpretando a su manera los documentos médicos, los grupos negacioncitas que han surgido en las últimas semanas se abonan a estas teorías para denunciar que “nos han robado la libertad”.

La irrupción de este grupo de expertos ha alertado a los virólogos que han dado la cara durante la epidemia. Los responsables de los organismos oficiales y de los principales centros de investigación italianos han tenido que insistir en que el virus continúa entre nosotros y no es menos agresivo. Uno de los más incisivos ha sido Andrea Crisanti, célebre por haber guiado un plan de test masivos en la región del Véneto, que fue fundamental para frenar la epidemia en su origen. “Quien se infecta lo hace de forma menos grave, pero la carga viral sólo se ha reducido gracias a las mascarillas y a al distanciamiento social”, dijo en televisión el virólogo de la Universidad de Pádova.

Crisanti y el resto de sus colegas creen que los estudios que minimizan el peligro se basan en observaciones y carecen de pruebas empíricas. Y, sobre todo, mandan un mensaje de relajación a los ciudadanos, cuando la OMS alerta de que el virus sigue creciendo en otras partes del mundo y se corre el riesgo de que aumenten los contagios importados por la apertura de fronteras.

Italia se sigue moviendo en una media de unos 200 o 300 contagiados diarios, que es muy inferior a la de hace unos meses, pero que tampoco logra reducir. La cifra más baja de fallecidos en un día se registró este martes, con 18, aunque normalmente el balance suele estar por encima de la veintena. Por tanto, el paciente ha mejorado notablemente, lo que no quiere decir que se le pueda dar ya el alta.

Pocos rebrotes, pero varios activos

Hasta el momento sólo se han producido pequeños rebrotes, de los que alguno está todavía activo. En los últimos días se ha decretado el aislamiento de varios barrios en el municipio de Palmi, en Calabria, después de encontrar ocho positivos. Lo mismo ha ocurrido en Mondragone, en la región de Campania, o en dos barrios de Bolonia. En Roma también tuvieron que aislar un edificio, mientras que el episodio más importante se produjo en el hospital San Raffaele de la capital, donde ha habido más de un centenar de contagiados y seis muertos. La Fiscalía investiga un presunto delito de homicidio imprudente en este último caso.

En Lazio, la región en la que se ubica Roma, el índice Rt -que mide la incidencia del virus- ha subido por encima de 1, el nivel que pone en alerta a las autoridades. Sin embargo, los expertos médicos sostienen que los focos están bajo control y que en el resto del país tampoco hay señales excesivamente preocupantes.

Unos 3,5 millones de italianos se han descargado la aplicación para rastrear los contagios, una cifra insuficiente para que tenga alguna utilidad. Y, mientras, la Cruz Roja lamenta que cerca de un tercio de las personas con las que han contactado para realizar un estudio serológico se niegan por razones de privacidad.

Superado lo peor de la pandemia, la desconfianza en las instituciones y el descreimiento de toda verdad afianzada se ponen de manifiesto. Y de ahí a quienes aprovechan cualquier coyuntura para defender sus argumentos recurrentes. Este miércoles dieron positivo 28 de los 209 migrantes que habían sido rescatados en el Mediterráneo en las últimas horas y que habían sido puestos en cuarentena en un barco turístico, a la espera de realizarle las pruebas de coronavirus. “Puertos abiertos, cruceros para alojar a los inmigrantes, decenas de clandestinos con Covid-19 y el táser para las fuerzas del orden olvidado”, fue la reacción del líder de la Liga, Matteo Salvini.