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Las quejas por la semipresencialidad en secundaria: "No hay cámaras suficientes y es difícil seguir las clases desde casa"

03/11/202019:30h.
  • Las familias denuncian que los centros públicos no se han preparado tecnológicamente para impartir clases presenciales y a distancia a la vez

  • El temor es que los alumnos de la pública queden rezagados respecto a los de la concertada y privada por no avanzar de igual forma en los temarios

Cuando Jimena, en primero de bachillerato, comenzó este curso, empezó teniendo clases presenciales solo los martes y los jueves una semana; y los lunes, miércoles y viernes, la siguiente. Y luego, al revés. La mitad de los alumnos de la clase se turnaba para ir o no al colegio y así poder guardar la distancia de seguridad. Pero el experimento no funcionó. "Cuando estabas en casa tenías que conectarte 'online' a la clase que estaba dando la profesora en ese mismo momento a los alumnos que sí estaban en el aula, pero no te enterabas de nada”, confiesa Jimena.

"Inconscientemente, los profesores se olvidaban de que había alumnos en su casa siguiendo la clase, se ponían a escribir en la pizarra y les dejábamos de oír, no les veíamos, era un desastre", asegura.

El colegio concertado de Madrid al que va Jimena rectificó en dos días y decidieron que todo el mundo volviera a clase. En bachillerato se juegan demasiado como para no estar al 100%, así que habilitaron una sala de audiovisuales tres veces más grande que un aula normal y el salón de actos del centro y desde entonces dan clases allí.

No han podido hacer lo mismo en el instituto público al que acuden los hermanos Álvaro y Paula, en Madrid. Él, en primero de bachillerato, y ella, en tercero de la ESO. Aquí los alumnos siguen turnándose para seguir las clases de forma presencial y a distancia. "La experiencia es negativa. Ni siquiera las cámaras para emitir las clases 'online' estaban instaladas a principio de curso. Y ahora que lo están, no funcionan bien. En mitad de la explicación, la imagen se cuelga", denuncia la madre de Álvaro y Paula, Susana.

"Lo más grave es que están perdiendo clase por estas dificultades técnicas y por falta de infraestructura. En la pública están yendo mucho más lento que en la concertada para avanzar materia. Y es una desventaja. Espero que lo tengan en cuenta a la hora de evaluar.Va a ser un curso que se va a poder llegar solo a un 70% de los contenidos", asegura esta madre.

La sensación de las familias es que no solo depende del colegio la marcha del curso, sino del profesor que te toque. A estas alturas no hay una norma ni un criterio unificado. Porque no todos los docentes pueden dar clases 'online', depende mucho de su capacidad y de su formación tecnológica. Además, no todas las asignaturas se pueden impartir a distancia. Una clase de Inglés, sí. También Valores o Filosofía… pero no Educación Física o Matemáticas, donde las explicaciones en esta última son en la pizarra.

Instrucciones de las autonomías

Antes de que comenzase el curso, las autonomías dictaron instrucciones para evitar los contagios en los centros escolares. En la de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se indicó que entre una tercera parte y la mitad del horario semanal debía realizarse en el centro educativo y el resto, de manera telemática, siempre que no se pudiese garantizar la distancia interpersonal de metro y medio entre los alumnos. Esta semana, la Consejería de Educación ha repartido 6.100 cámaras entre sus centros. Un "suplemento" de los 20 millones que ya se repartieron entre los institutos para que comprasen material necesario por el tema del covid.

Las normas son aplicables para todo tipo de centro, independientemente de su titularidad. Si uno público puede garantizar la distancia, no tiene por qué impartir clases 'online'. De hecho, un 20% de los institutos públicos de Madrid dan todas las clases presenciales en segundo de bachillerato. Aún así, desde la asociación de directores de institutos públicos de Madrid aseguran que son muy pocos los centros que cuentan con espacio suficiente para poder acoger a todos los alumnos en una misma aula. 

En la clase de Marco, en tercero de la ESO en un instituto público de Madrid, también han dividido la clase en dos: el grupo azul y el grupo amarillo, de forma que los alumnos se quedan en un grupo de 15 que va en días alternos. "Los días que Marco no van al instituto tienen que trabajar en casa. Por ahora, sólo una profesora, la de Física y Química, les ha facilitado la herramienta para seguir sus clases a través de una webcam. La idea es que poco a poco se vaya incorporando a esa modalidad el resto de clases, pero a día de hoy solo tienen una asignatura así’”, se queja su madre, Cristina.

"Cuando no van a clase, les dicen que respeten el horario que harían si fueran al centro, les mandan tareas y, si no se la mandan, les piden que repasen por su cuenta", añade. "La dinámica es la que es y bastante bien se están organizando. La duda es si esto les supondrá un estigma con respecto a los colegios privados que sí que pueden garantizar la presencialidad", asegura Cristina. "Si es así, creo que es algo que en la enseñanza pública no debería permitirse, porque tiene que ser una educación de calidad".

Lo cierto es que la semipresenciabilidad está suponiendo también un quebradero de cabeza al profesorado. "Hemos ganado en el sentido de que tenemos clases con 12-13 alumnos en ESO y son clases de aprovechamiento máximo, con lo cual los temarios no están sufriendo, puesto que las clases que tenemos son de absoluta calidad, una delicia. ¿Cuál es el quebradero de cabeza? Que tenemos que tener una planificación al detalle impresionante, porque al mismo tiempo hay alumnos trabajando desde casa y se trata de que no pierdan el tiempo y rindan al máximo", asegura Ana López, profesora de Lengua y Literatura en un instituto madrileño donde todavía no han llegado las cámaras para dar clases 'online'.

La implicación de las familias y la autonomía del alumno a la hora de organizarse en los tramos horarios que no van a clase son la clave, según los docentes. "El peso, como siempre, lo lleva el profesorado. El encaje de bolillos lo estamos haciendo nosotros para que la planificación esté al detalle y ellos vayan al 100% con todo, pero hay una parte que no depende del profesorado que es la del esfuerzo, el rendimiento y la eficacia de planificación de los alumnos. Eso tendremos que esperar a ver los resultados del primer trimestre", señala esta docente.

"El riesgo es hacer una semipresenciabilidad de saldo", señala el experto en educación, Fernando Trujillo. "Que el alumnado que esté en su casa esté más entretenido que educado", apunta. "Pensar que por poner unas tareas ya se está haciendo una labor educativa análoga a la que se estaría haciendo en clase es un error. El profesor que está dando una clase presencialmente no puede estar al mismo tiempo dándola virtualmente con otro grupo en su casa. Lo que está ocurriendo 'de facto' es que se han reducido el número de horas válidas de educación. Y esto, en cursos como segundo de bachillerato o cuarto de la ESO, puede ser muy problemático”, aseguraba recientemente en una entrevista en NIUS.

Ana, en tercero de la ESO en un instituto de Boadilla del Monte (Madrid), hace cada día media jornada presencial y la otra media 'online' para que al final solo haya 11 alumnos por aula. "Cuando no están en clase les mandan tareas, que no están muy bien coordinadas y que no se sabe para cuándo hay que entregarlas", señala Carolina, su madre.

La queja se repite a la de otros padres. En general, es mucho más costoso seguir el temario y en Física y Matemáticas, casi imposible. "En casa a veces la hemos tenido que ayudar porque el profesor avanza materia para los alumnos que están en clase, pero los que no están, se quedan sin la explicación y tienen que hacer los ejercicios igualmente", señala.

Carolina reconoce que le parece una buena opción la que ha tomado el centro de que todos los días vayan a clase por turnos. Pero le preocupa el nivel que puedan estar dando. "Porque aunque están avanzando temario, no sé si se está haciendo bien".