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Seis geólogas analizan las imágenes del robot submarino que busca a las niñas desaparecidas en Tenerife

31/05/202113:13h.
  • Rastrean por tercera vez una franja concreta, entre 1.100 y 1.200 metros de profundidad

  • Es la zona en la que Tomás Gimeno pudo arrojar al mar los cuerpos de sus hijas

  • Buscan también las mochilas que el hombre cargó en la barca y un cinturón de buceo de ocho kilos de peso

Seis geólogas van interpretando en tiempo real las imágenes que capta el robot submarino Liropus en el fondo del océano atlántico, al sur de Tenerife. Buscan los bultos que Tomás Gimeno arrojó al mar desde su barca. Todo hace pensar que eran los cuerpos de sus hijas, Olivia de seis años y Anna de uno.

Los tres desaparecieron el 27 de abril, después de que el hombre zarpara de la Marina de Santa Cruz. Las cámaras de seguridad le grabaron bajando seis bultos de su coche, que después cargó en su lancha. Tuvo que hacer tres viajes. Una patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil le dio el alto cuando regresaba pero los agentes no encontraron nada.  

Según la señal de su teléfono móvil, el hombre se dirigió a la zona en la que ahora se centran las labores y permaneció allí casi dos horas. No se descarta que pudiera lastrar los cadáveres de las niñas para evitar que salieran a flote. Por eso van sondeando el suelo con el objetivo de poder recuperarlos o de encontrar algún objeto que pueda aportar alguna pista.

Mientras Beatriz, la madre de las pequeñas mantiene la esperanza de encontrarlas con vida y ha publicado una nueva carta. "Mis niñitas, mis amores, mis tesoros. No saben lo que es levantarse por la mañana y no sentirlas a mi lado. Angustia es poco. Oli y Anna mis niñas bonitas. Sé que esto no es justo, confío en la vida", ha escrito en la misiva, publicada en las redes sociales. 

La búsqueda

El buque está operado por el Instituto Español de Oceanografía (IEO) y lleva a 14 tripulantes en su interior. Entre ellos los especialistas que se encargan de manejar el robot y los técnicos que procesan la información. También los agentes de la policía Judicial que deben elaborar el informe.

Una patrullera del Servicio Marítimo del instituto armado permanece en las proximidades en todo momento por si fuera necesario algún desplazamiento. También está preparado un equipo del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS), que intervendría en caso de encontrar algún objeto sospechoso.

Como por ejemplo las mochilas que sacó de su coche Gimeno o el ancla de su embarcación. Además buscan un cinturón de buceo que el hombre utilizaba, de ocho kilos de peso, que tampoco ha sido encontrado en las inspecciones oculares. 

Desde que el barco zarpó este domingo a las tres de la tarde, la búsqueda no ha cesado ni un momento. Este lunes la embarcación ha empezado a moverse a las 9.30 de la mañana, siguiendo las corrientes. Es la tercera vez que inspeccionan la misma franja, a una velocidad de 0.1 nudos, muy lentamente.

La operación se realiza en dos fases. Primero se sumerge con un cable un contenedor que lleva al Liropus dentro. Cuando está a una profundidad de unos 200 metros por encima del suelo, se estabiliza. Después se abren unas compuertas y el robot desciende hasta situarse sobre el lecho marino.

Poco a poco va recorriendo el fondo y haciendo un barrido con un sonar. Este emite unos ecos, que varían dependiendo de la composición y la estructura de la superficie. De este modo pueden se ubicar objetos extraños y enviar las coordenadas exactas e imágenes a un ordenador, que se procesan en el momento.

La misión especial encomendada a estas geólogas es interpretar si alguno puede corresponder con lo que se está buscando, estudiando su dureza o su relieve. Si encuentran algo sospechoso pueden ordenar al robot que lo recoja, utilizando unos brazos articulados.