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860 kilómetros haciendo el Camino de Santiago en un monopatín eléctrico: “Ha sido una experiencia muy loca”

  • Ion Sánchez, un joven vasco de 38 años, ha hecho el Camino de Santiago desde Irún en un skateboard eléctrico sin manillar

  • “Exige una tensión y una concentración enorme todo el rato para poder mantener el equilibrio”, cuenta a NIUS

Ion Sánchez, 38 años, instructor de snowboard y de surf. Acaba de terminar una de las aventuras de su vida. “Ha sido una experiencia muy loca”, reconoce. Se fotografía con su único compañero de viaje, un monopatín todoterreno, ante la Catedral de Santiago de Compostela (A Coruña). Acaba de completar 860 kilómetros en un skateboard eléctrico.

Este joven natural de Mondragón (Guipúzcoa) y residente en Suiza inició su particular Camino desde Irún. No era la primera vez que peregrinaba hacia Santiago. Hace años había hecho la ruta francesa en bicicleta. “Esta vez ha sido bastante más duro. Tengo las piernas, las rodillas, la cadera y la espalda destrozada”, confiesa. El monopatín que le ha acompañado no tiene manillar. Es él quien debe dirigirlo con su cuerpo. “Exige una tensión y una concentración enorme todo el rato para poder mantener el equilibrio”, sostiene.

El periplo de Ion, esta vez por el Camino del Norte, ha durado 18 días. 18 etapas en las que no siempre ha podido ir montado sobre la tabla. “Es un monopatín todoterreno, con unas ruedas más grandes que los normales, pero hay tramos que es imposible hacerlos con él”, explica. Le ocurrió, sobre todo, en el País Vasco. Ahí tuvo que caminar durante kilómetros con su mochila, de seis kilos de peso, y el patinete, de diez, a cuestas.

El reto de este joven vasco no era solo completar el camino en monopatín. También lo era surfear en aquellas playas en las que las condiciones de las olas eran propicias para hacerlo. No llevaba tabla, ni neopreno. Pero pudo cumplir su propósito. “He contado con la amabilidad de escuelas de surf que me han prestado el material que necesitaba para hacerlo”, cuenta. Cambió la tabla del patín por la del surf en las playas de Arenillas, Langre y San Vicente de la Barquera (en Cantabria); y en la de San Martín, en Llanes (Asturias).

Una autonomía de 30 kilómetros

El monopatín eléctrico permitió a Ion viajar a unos 35 kilómetros por hora hacia la capital gallega. Pero como todo aparato que depende de la electricidad tuvo que hacer paradas obligadas para enchufarlo a la corriente. “Tiene una autonomía de unos 30 kilómetros. Por eso, hacía siempre lo mismo: me levantaba temprano, emprendía el camino y luego, a la hora de comer, lo cargaba”, explica. El tiempo que el aparato tarda en cargarse es de unas dos horas.

Él está acostumbrado a moverse en monopatín. “Es mi medio de transporte habitual”, explica. Pero en algunos momentos tuvo serias dudas de si podría llegar a la meta. “Tenía claro que si el sufrimiento era mucho mayor al disfrute, lo abandonaría”, dice. El momento crítico, un accidente que sufrió a 40 kilómetros de llegar a Santiago, en Arzúa (A Coruña). “Me caí en una pista de gravilla. Tengo la mano izquierda hinchada y varias heridas en las manos y también en la cara. Me di un buen golpe”, cuenta.

Tuvo que parar durante unas horas. Pero, finalmente, pudo seguir su Camino y cumplir su propósito.